Resulta que todos sentimos la inflación pero hay que decir algo: cómo se nota ésa inflación en la calidad de los productos. Hasta no hace mucho tiempo se podían conseguir de buena calidad, o de menor.
Hoy por hoy si nos fijamos bien, es como que el chorizo ha quedado anémico. No delgado, sinó anémico, con falta de color, pálido. Se nota que los porcentajes de grasa, para equiparar precio-peso le están cargando más grasa en la proporción que debiera. No sé, pero da tristeza. Antes parecían más saludables
Lo mismo pasa con el salame de máquina, me estoy sorprendiendo, aún en una buena marca (ni hablar de los económicos) la mezcla cada vez con más blanco que carne. ¿A dónde irá a parar la consecuencia de la inflación?¿ y del colesterol?
¿Subirán de manera directamente proporcional?
Los políticos ¿comerán choripán o un sánguche de salame?
Quí lo sá.

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